13 oct. 2008

La hierba de Spikenard

Un yuyo que sabe amargo y después de un rato me da escalofríos. Lo sigo consumiendo? No queda otra. Todos se apegan a hierbas y bombillas, que de una u otra manera terminan por convertirse en portadoras de enfermedades o simples adicciones.
Fue el caso del señor Spikenard, que salió demasiado temprano a investigar y se encontró con los indios que todavía no habían terminado de empacar sus petates. Ellos fueron amables pero el señor, como era muy mal aprendido, les sacó sus últimas migajas de pan, se las comió y después les pidió explicaciones de las hierbas que traían enmarañadas en el pelo. Nadie pensó que podían ser venenosas? No, como siempre, nadie piensa mal de las hierbas. Se prueban, se huelen una vez encendido el fuego y luego de varias horas podemos reconocernos capaces de juzgar las intenciones de ella. En general, y esto lo digo con conocimiento de causa, la hierba sea cual sea, se la prejuzga, pero nunca o mejor dicho en casi ningún caso, ni las yerbas ni las hierbas son maldecidas luego de su ingesta o inhalación.
Hoy, las hierbas más inaceptablemente alucinógenas, denominadas Hierbas de Spikenard, son de altísima cotización y su consumo queda bajo la exclusiva responsabilidad de Dios.

12 oct. 2008

Cuentos de Glugluglú

Cuentos de Glugluglú ofrece una seguidilla de historias, inconclusas algunas, otras menos, pero con un estilo muy particular. Obras realmente muy breves, para el deleite de quienes ansían disfrutar de una lectura sin golpes bajos, sutil, con crudeza y mucha frescura a la vez. Editados en versiones totalmente reproducibles. Cuentos para ser contados en cualquier parte. De sobremesa, en el bondi, mientras esperas al oftalmólogo. Entre amigos o con la familia.

Advertencia: No hay moraleja. En serio, no insista.


Cuento 1. "Dígame Licenciado"


Había cierta vez en que los patrones se olvidaban de pagar los sueldos de sus empleados, se olvidaban de sus aniversarios y nunca sacaban la basura, ni al perro.
Conocí a uno, un tipo así, que se ocupó de ser jefe, y listo. Este buen hombre, que cargaba con el enorme peso de la responsabilidad en sus hombros, día tras día, supo hacerse de un buen enchapado en la puerta de su despacho que anunciaba: “Golpee en silencio y no espere ser atendido”. Pero la mañana del treinta y uno de julio, como quien no quiere la cosa, entró su secretaria – en realidad era su hija menor – y sin que se le caiga un solo gesto de respeto, le dijo:
- A qué hora te vas? Me llevo el auto, eh.
El jefe no supo qué decir. Sobre todo porque delante de su amplio escritorio tenía sentado a uno de sus más importantes anunciantes, y para esas horas era fundamental ser educado y más que nada, obsecuente. El dinero iba y venía pero últimamente tardaba en venir más de la cuenta y las preocupaciones aumentaron junto con las deudas. La noche ya se hacía vicio en la casa porque de bares no se podía andar y las nenas del jefe cambiaron sus largas sesiones de belleza por horas extras que de alguna manera se cobraban. Él no solía pagar demasiado nunca pero después de reducir el personal se encontró con que nadie era capaz de llevar el debe y el haber como corresponde. Bueno, ellas tampoco eran muy capaces pero al menos no iban a ser despedidas.
El asunto cerraba así: una empresa venida a menos, una familia disfuncional y la casa del country que desapareció con el último embargo. Qué solución le brindaría la vida a aquellos seres; que quizá más, quizá menos, seguían siendo humanos. La respuesta estaba en otro lado, pero nunca lo descubrieron.
Resulta ser que el patrón nunca entendió que los empleados eran quienes aumentaban sus posibilidades de ganancia gracias a las tareas y el desempeño que bien pendían de un hilo debido a los esporádicos y diminutos sueldos que él estaba dispuesto a ofrecerles. Por lo tanto, su empresa terminó por quebrar como tantas otras. El mismo jefe de familia no sintió la misma responsabilidad en su casa y es probable que se debiera al pequeño asiento que ocupaba en la mesa. La familia se disgregó, tomó opciones diferentes, incluso su mujer. El camino que quedaba entre las puertas de su casa y su despacho desvencijado, se hacía cada vez más corto.
Finalmente - y vamos redondeando - pasó lo que en todas las familias. El tipo se deprime, se pasa de pastillas, se entera la familia del otro lado del mundo y lo tratan de ayudar pero es vano porque él, cansado de dormir en el depto prestado de su único amigo, se tira desde la terraza del edificio y consigue acabar con su miserable y endeudada vida.

Endorfínico y Dramático


Circundando la felicidad con un entusiasmo que me hace hablar de espíritus. Me canto a mí, sonidos estridentes para no olvidarlos. En burbujas de aire que sólo yo estoy viendo porque están todas conmigo, pero no quiero compartirlas. Hoy no. Me hace esculpir el cielo como si fuese siempre de noche. Como si vibrar se podría explicar con las manos.
Conduce por otros lugares que nunca había pasado, o que me hacían mucha falta. Tanto bien junto, que junto todo y lo tiro, lo dejo volar. Ahora se desvanece para volver con otra fuerza, más suave pero igual de generosa. Quiere golpear tan, tan, tan, qué nada. Se sensibiliza y calla; para esperar que llegue y se vaya cuando quiera. No busca obligarse, ni a nadie. Sólo abraza la llama.

El uso de la Guayaba

Palpitaciones. Qué tema no? Bueno, dicen que muchas personas nerviosas sufren de esa condición. Y los condiciona, claro está. Lo importante es saber por quién se palpita uno y por qué se precipita. Es probable que no se entienda de entrada lo que digo, porque hace falta mucho...a ver, creo que haría bastante bien salir un poco, probar y hacer la experiencia. Me refiero a que si alguien se queda encerrado, no conoce a nadie, entonces no va a tener por qué palpitar, se entiende? Ehhh...por eso, digo, es importante saber por quién se deja palpitar uno. Se toma muy a ligera a veces esto, pero me parece justo destacar que en los últimos tiempos no se ven tantos corazones, como sí, y doy fe, se veía antes. La gente tiende al ensimismamiento, pero mal. Mal aprovechado... el otro día, justamente, me encontré con un ex compañero, colega, de la otra radio, esa tan conocida...y bueno, me decía que su mujer lo había cagado con alguien y que a él, ni le importaba ser cornudo, ni que se lo griten en la cara; lo único que quiero - me dice – es recagarla a trompadas, pero porque sí, se entiende? Él ya le tenia bronca, porque le hinchaba las pelotas todos los putos días, porque no sé...y claro, el tipo estaba...Ah, bueno, bueno. Sí, cortamos acá, no? editen esta ultima parte porque me parece que me...me fui un poco. No sé, fijate como queda, si da, así...coherente. Lucidez, eso me gustaría. Me gustaría que puedan sentir lucidez, sensibilidad social. Eso está bien, no?
De última me vengo mañana, repetimos todo. En serio, si te parece que quedó raro...

8 oct. 2008

Vicio Mudo

"Las oraciones cortas siempre acaban empañando los vidrios"
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El chico cruza el muro y despierta a su reina batata
Ella, risueña, se ata el pelo con los dedos frescos
Acepta mirarlo a los ojos, trata de gustar de él
Se queda en las pestañas oscuras.

El chico desata sus manos rojas y fuertes.
Exprime las flores en su espalda, toma su pulso
Ella cae entre telas y más telas, tropieza
Se buscan con la nariz, con la boca, se prueban

Usan palabras que se adhieren al pelo
Construyen lenguas interminables

Qué importa respirar, prefiero tu corazón agitado.
Decían sin mover los labios.

Pensaban de tanto en tanto y cada vez más.
El chico dejo de cruzar aduciendo el peligro
Ella terminó por vaciarse de expresiones

La reina esperó triste su llegada, no sabía si volver a verlo. Él, en cambio, llegó agobiado por su esencia más primitiva. Colgó su brazo en las piedras y le saltó encima. Pero ella no pudo contenerse y le confesó, desde su ventana, que nada era capaz de hacer ya, que algo de ellos no era más, que se había evaporado.

"Te siento demasiado lejos ahora que todavía te tengo. No pensarás nada, lo sé, pero debo decirtelo: te quiero, y es extraño, no? digo, Es raro decirte que te quiero cuando nada de vos me deja hacerlo".
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El dolor sólo podía cesar con la humedad del cuerpo.

Pensamiento Circular

Cuándo te empezaste a odiar? De verdad, cuándo? Todavía no entiendo por qué bajas la voz, lo único que quiero es ver brotar tu ira.

Ella piensa que es ella. Se habla y mira como si lo fuese, aún, a pesar de todo.
Él no le cree. Se enoja tanto que cae, se escucha a sí, gruñir en vano.

Dejaste de cerrar lo ojos para recibir un beso
Una mano se secó adentro del bolsillo
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Te pasé las dudas y volvieron. Así.


Me mareo, no quiero girar con tanta luz.
Tengo tu mirada en la cara, mía. Me mareo, más.
No, no te sentés ahora. Vamos a tener que rotar.
Cambiá de lugar, apuráte, antes de que me vuelvas nada.
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Si creyeras en algo no te lastimarías.

Abejas Siempre Pican

Me olvidé el corazón en alguien
Me estoy convirtiendo de a poco
Empiezo a hacer escarcha en mí
Listo. No me acuerdo de mi voz
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Ojalá no me hubieras esperado
Ni el odio sabe usar mi nombre
Abriste para que me vea, así, débil
Eso querías? Te gusté fuerte y ahora?
Deberías decirme qué hago con esto
Está caliente y las manos no resisten
Será que no alcanza
Y no es que necesite tanto,
es que nada de lo tuyo es para mí.
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